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19 días y 500 noches
Publicación 1999: 19 días y 500 noches
Artista Joaquín Sabina
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Género Balada

LetraEditar

Lo nuestro duró, lo que duran dos peces de hielo, en un güisqui on the rocks en vez de fingir, o estrellarme una copa de celos, le dio por reír.

De pronto me vi, como un perro de nadie, ladrando, a las puertas del cielo. Me dejó un neceser con agravios, la miel en los labios y escarcha en el pelo.

Tenían razón mis amantes, en eso de que, antes, el malo era yo, con una excepción: esta vez, yo quería quererla, querer y ella no.

Así que se fue, me dejó el corazón en los huesos y yo de rodillas.

Desde el taxi, y, haciendo un exceso, Me tiró dos besos Uno por mejilla.

Y regresé a la maldición del cajón sin su ropa, a la perdición de los bares de copas, a las cenicientas de saldo y esquina, y, por esas ventas del fino laina,

Pagando las cuentas de gente sin alma Que pierde la calma con la cocaína, Volviéndome loco, Derrochando, la bolsa y la vida La fui, poco a poco, dando por perdida.

Y eso que yo, Paro no agobiar con flores a María, para no asediarla con mi antología de sábanas frías y alcobas vacías,

Para no comprarla Con bisutería, Ni ser el fantoche Que va, en romería, Con la cofradía Del santo reproche

Tanto la quería, que, tardé, en aprender a olvidarla, diecinueve días y quinientas noches.

Dijo "hola y adiós" y, el portazo, sonó como un signo de interrogación, Sospecho que, así, Se vengaba, a través del olvido, cupido de mi.

No, no pido perdón, ¿para qué? si me va a perdonar Porque ya no le importa Siempre tuvo la frente muy alta, la lengua muy larga Y la falda muy corta.

Me abandonó, Como se abandonan los zapatos viejos, Destrozó el cristal se mis gafas de lejos, Sacó del espejo su vivo retrato

y fui tan torero, Por los callejones del juego y el vino, Que, ayer, el portero, me echó del casino De torrelodones.

Qué pena tan grande, Negaría el santo sacramento, En el mismo momento Que ella me lo mande.

Y eso que yo, Paro no agobiar con flores a María, Para no asediarla con mi antología de sábanas frías y alcobas vacías,

Para no comprarla Con bisutería, ni ser el fantoche Que va, en romería, con la cofradía Del santo reproche

Tanto la quería, que, tardé, en aprender a olvidarla, diecinueve días Y quinientas noches.

Y regresé A la maldición del cajón sin su ropa, A la perdición de los bares de copas, A las cenicientas de saldo y esquina, Y, por esas ventas del fino laina,

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